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Mientras nuestras manos 
sujetaban lo que somos,
una mirada enfriaba
un café que hacía tiempo
no decía nada.

Ambos sabíamos
que un beso se acercaba.
Era el único con la osadía
que no tenían nuestras bocas.

Nuestras cabezas estiraban
un momento que hasta
el café ya había asumido.

Pero el tiempo
había dilatado lo que somos.
Y un beso a punto de extinguirse
jugaba a ver quien parpadeaba antes.

Mientras fueran nuestras manos
las que nos sujetaban,
el beso siempre parpadearía
sin más ánimo que el acercar nuestras bocas.

Por Jesús Ignacio Carrero

Nacido en Madrid en 1974. Escribir es un placer inmenso. Aquí encontrarás poesía y frases que te puedan inspirar. Poesía donde encontrarás lugares no soñados. Aquí además encontrarás alojados mis libros, que te van a enamorar.

2 comentarios en «El beso»

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