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Fueron tus manos
y un latido de tu corazón
las que acariciaron
a aquel que nunca supo latir.
Aquel para que los latidos no dados
tenían el mismo valor
que una vida donde sentir
es un impuesto.
Y fue así su insensatez
la que le llevó a volar bajo el suelo.
Y fue tu sonrisa
de las de verdad
la que quitó las piedras
que aplastaban su corazón.

Dime,
eres alguien que no ha venido
y que siempre ha estado.

Y pusiste tus manos sobre un pecho
lleno de orificios por balas de fogueo.

Y sacaste un corazón que latía al revés
por pura vergüenza,
y metiste un corazón que siempre había latido
por tí.

Y fue cuando nos despertamos en un avión
que no sabía volar.
Un avión que sabía sentir y vivir.

Ahí fue donde tuve la certeza que nunca se estrellaría.

Aves y algunos seres que no son de aquí,
nos saludaban y nos preguntaban qué día haría hoy.

Y tú, porque eres así,
mirabas al cielo por si fuera a llover.
A un cielo que nunca existió.

Y fue cuando miramos
hacia abajo.

Hacia una tierra que nos habíamos inventado.

Por Jesús Ignacio Carrero

Nacido en Madrid en 1974. Escribir es un placer inmenso. Aquí encontrarás poesía y frases que te puedan inspirar. Poesía donde encontrarás lugares no soñados. Aquí además encontrarás alojados mis libros, que te van a enamorar.

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