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A partir de la aproximación
a lo que no se ha de olvidar,
nos acercamos a lo inevitable
de unos labios humedecidos
por el antojo de un beso.

Y en la lejanía de lo no recordado
cristales rotos
decían otra cosa.

Caricias y deseos se amontonaban.
Intentaban que cristales
aún en proceso de solidificación
no se alcanzaran unos a otros.

Que lo único húmedo,
fuera un beso y lo procedente del deseo.

Y si la memoria
se empeña en pisar cristales,
que sea aquel paraguas que me prestaste
lo único que no es capaz de secarse.

Por Jesús Ignacio Carrero

Nacido en Madrid en 1974. Escribir es un placer inmenso. Aquí encontrarás poesía y frases que te puedan inspirar. Poesía donde encontrarás lugares no soñados. Aquí además encontrarás alojados mis libros, que te van a enamorar.

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