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En el momento de ahora que hago. 
Abrí la puerta del qué pasará.
Y aunque todo estaba en nada veo,
encendí la luz del yo me quiero,
en un interruptor adherido a mi alma.
Ese que fijé un instante antes de venir. 
Alguien más sabio que yo
dijo que lo usaría,
por cierto se llama amor. 
Os lo cuento,
prestar atención 

Accedí a un mundo maravilloso, 
no me lo podía creer.
Me dio la bienvenida un ser.
Era yo elevada mi conciencia.
Era yo en otra actitud.
Y nos abrazamos, 
era lo mínimo que podía hacer por mí. 

Y me enseñé ese lugar,
tenía que llamarlo de alguna manera.
Allí, la felicidad era una costumbre.
Un modo de vida.
Y vi a alguien más contento que yo. 
Y vi a alguien más contento que tú. 
Éramos nosotros dando un paseo,
por un camino donde las piedras se apartaban a nuestro paso.
El camino no tenía candiles.
Se iba iluminando en cada latido de nuestro corazón.
De hecho, me fijé un poco más
y no había camino más allá de nosotros.

De pronto,
unos pájaros sin alas me hablaron.
Me dijeron que porqué no volaba,
si me habían visto volar.
Que porqué no lloraba,
si me habían visto llorar.
Que porqué no amaba,
si me habían visto amar.

Emocionado, me pellizqué.
Y no me encontré.
Porque la percepción de mí era otra.
De hecho, yo no estaba.
Aun siendo yo, yo no era.
Era yo en otra actitud.

Busqué el interruptor
que me permitió acceder.
Ese que permitió llegar
a un mundo maravilloso.
Con la tranquilidad de ahora escribir.
De la narración de los hechos,
tengo que admitir
nunca encontré el interruptor,
nunca existió de hecho.

Lo último que puedo recordar,
es vernos a nosotros
por el camino sin piedras
ese que iluminábamos al pasear,
mientras me giraba y me guiñaba un ojo,
me lanzaba un beso en forma de soplo,
y con ternura me decía,
nunca te dejaré de amar.

 



 





 

Por Jesús Ignacio Carrero

Nacido en Madrid en 1974. Escribir es un placer inmenso. Aquí encontrarás poesía y frases que te puedan inspirar. Poesía donde encontrarás lugares no soñados. Aquí además encontrarás alojados mis libros, que te van a enamorar.

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