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Mi alma se embarró. 
A lo largo de un camino
con múltiples bifurcaciones,
con múltiples encuentros,
donde amontonadas las vivencias,
con heridas ya en las llagas.
Se cansó.

Después de varios intentos.
De decirme ya no puedo.
De callar.
Donde doña esperanza de paseo,
donde haz lo que yo quiero.
A mandar.
Se marchó.

Un día de verano.
Después de don amanezco,
donde un no pertenezco,
me voy aquí no puedo.
Regreso a mi aposento.
Aquí dejo tu esqueleto.
Y voló.
Me dejó.

Dejó lo que más quería.
Pero no la podía obligar.
Volvió a donde provenía.
A su hogar.

Con lágrimas en los ojos me miró.
Me dijo con una sonrisa,
volveré.
Te llevaré donde tú eres tú.
Te llevaré donde no te puedan dañar.
Donde cuerpo y alma se emocionen
y nunca nos dejemos de amar.

Con una tristeza infinita os pediré,
si la veis y podéis hablarle,
por favor decirle
que nunca la olvidé.

Por Jesús Ignacio Carrero

Nacido en Madrid en 1974. Escribir es un placer inmenso. Aquí encontrarás poesía y frases que te puedan inspirar. Poesía donde encontrarás lugares no soñados. Aquí además encontrarás alojados mis libros, que te van a enamorar.

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