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Veréis.
En la palma de tu mano
puedes sostener el sol,
me dijo una mujer sabia,
reconozco,
me engañó su condición.
Callos en sus manos. 
Mugre.
Gesto de dolor.
Sufrimiento ya agotado,
¿por un sendero que no la premio?
Como dije hace unos versos, 
me engañó su condición.
Lo que ella no mostraba,
mi mente,
algoritmos cotidianos,
la muy tonta,
lo que don apariencia le dijo,
todo entero se lo tragó.
No entiendo buena mujer. 
El sol.
Mi mano.
¿Cómo lo podría hacer?
Si la puedo ayudar en algo,
con mucho gusto lo haré.
Si quiere algo de comer
en un mientras se lo traigo.
Don apariencia te engañó. 
No necesito comer.
Mi alimento me lo has dado,
necesitaba confirmar
lo que el corazón me había adelantado.
Alimentada estoy.
Para vivir no necesito,
pero quería enseñarte
lo que estaba escrito.
Mira tu palma.
Mi palma miré.
Una luz intensa...
Palidecí,
Tuve que retroceder.
Qué me ocurre mujer.
En la palma de tu mano
has sostenido el sol,
que ha venido a enseñarte,
pues algo que ya sabía,
escrito en este libro estaba,
como es tu corazón.
Creetelo, así es tu alma.
La anciana me entregó un libro.
Por su pinta no de ahora,
conforme pasaba sus páginas.
Un instante, solo un mientras...
Alcé la vista, no estaba
... todo me empezó a dar vueltas.
Quisiera pediros, si no es mucho, 
si alguien la consigue ver,
que me avise, yo respondo,
pues la quiero agradecer.

Por Jesús Ignacio Carrero

Nacido en Madrid en 1974. Escribir es un placer inmenso. Aquí encontrarás poesía y frases que te puedan inspirar. Poesía donde encontrarás lugares no soñados. Aquí además encontrarás alojados mis libros, que te van a enamorar.

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