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Capítulo 2

- ¿Estas más tranquilo?
- ¿Por?
- Te noté raro al final de nuestra conversación, no sabría decir el qué, pero algo raro.
- Quizás, es verdad que estaba intranquilo, inseguro, pero ya mejor gracias.
- ¿Sigues notando la mano en el hombro?
- Siempre está ahí. Guiándome, acompañándome, diciendo que todo saldrá bien. Nunca se fue, siempre estará. Creo que te lo comenté.
- Algo dijiste.
- A veces pesa, otras veces dices no está, pero que va, es absurdo. Siempre está y estará, ahora no tengo dudas, aunque a veces lo olvide, es normal, soy humano. Eso sí, cuando pesa, ni caminar puedo. En fin el día a día.
- Antes de que se me vaya, tantas cosas en la cabeza,..., en fin, me dijiste que todo esto que estábamos hablando lo querías dejar escrito.
- Así es. Según hablamos se deja registrado, como líneas de adelanto,... y lo daré a conocer, seguro que a alguien le interesa. Pero sabes lo mejor de todo, que escribir es un inmenso placer, y si no lo leyera nadie no por eso dejaré de dormir. Se quedará así para siempre, lineas, palabras enlazadas, nuestras conversaciones, sensaciones y como no, nuestras propias confesiones, las tuyas y las mías. Escribiendo soy enormemente feliz, si pudieras saber cuanto. ¿Y sabes lo que me haría también muy feliz? Aunque te haya dicho que escribo por el placer de escribir, que alguien lo lea y reflexione, piense sobre lo escrito y pueda para bien o para mal activar ese chip que todos llevamos que nos hace saber que estamos vivos. Aunque claro vivos siempre estuvimos y siempre estaremos. Cuando escribo estoy encantado.
- Espero y deseo que ahora también.
- Claro, por dos motivos. El primero porque nuestra conversación es maravillosa, trascendental, aquello que nos dice quienes somos, aquello que nos recuerda que nuestro corazón es uno, y segundo, recuerda, esto se está escribiendo según dialogamos. Y el escribir es un placer inmenso.
- ¿Porqué has dicho vivos siempre estuvimos?
- Lo que siempre estuvo, lo que es eterno,.... siempre estará, no puede morir. Lo trascendente es que aquello que se ha separado se vuelva a unir. Uno somos y uno seremos.
- Ojalá mucha gente pensara así.
- Todo el mundo, simplemente a la gran mayoría se le ha olvidado. Pero la mano en el hombro nos lo recuerda. No te apures. Eso que se percibe, que casi nunca se percata pero impregna en ti eso que mueve tu corazón y te hace saber lo que fuiste para que no lo olvides.
- Creo que deberías de escribirlo aunque nadie lo lea.
- Te lo he dicho, para mí es un placer, y eso es lo más importante. Pero además, tengo algo que contar. No quiero ser un egoísta y no compartirlo. Ya cada uno es libre de querer recordar o de dejarlo pasar. O simplemente, por el placer de leer.
- Estaría bien que volviéramos al principio de nuestra conversación. La mano en tu hombro....
- La mano en nuestro hombro. A todos nos acompaña. Relájate, no lo fuerces, y cuando menos lo pienses te darás cuenta que siempre estuvo ahí. Te dije que es complicado, hay quien no lo consigue comprender.
- Volverás a escribir.
- Volveremos a hablar. Que no se nos quede nada por enseñarnos. Es maravilloso que lo que somos, aquello que está en nuestra memoria, en nuestro interior simplemente esperando a que le den permiso, salga a relucir.
- Y será más interesante.
- ¿acaso no lo está siendo?

Por Jesús Ignacio Carrero

Nacido en Madrid en 1974. Escribir es un placer inmenso. Aquí encontrarás poesía y frases que te puedan inspirar. Poesía donde encontrarás lugares no soñados. Aquí además encontrarás alojados mis libros, que te van a enamorar.

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