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Capítulo 1

- Noté una mano en el hombro, bueno eso lo supe después.
- ¿Lo de la mano?
- Claro. Mira, es importante que prestes atención. Me costó comprenderlo, reconozco que puede ser difícil. Hay quien no llega a comprenderlo jamás.
- Soy todo oídos.
- A eso me refiero, no pretendas captarlo con los oídos, no serás capaz.
- Pero tendré que escuchar lo que me dices.
- Por supuesto. Simplemente piensa que los oídos no es lo más importante.
- Entonces cuéntame.
- Como te he dicho, al principio no sabía que era su mano lo que estaba sobre mi hombro. Noté algo, no sabía el qué, que al mismo tiempo que me daba serenidad me daba sensación de desasosiego. Probablemente debido al desconocimiento. Hubiera sido tan fácil como volverme. Hice bien en no hacerlo.
- No entiendo nada.
- Quizás porque tienes prisa, porque apenas he comenzado, porque no prestas atención, verás.
- Disculpa.
- No tienes por qué. De pronto empecé a encontrarme fenomenal. La sensación de desasosiego iba desapareciendo y por contra esa serenidad infinita se aplomó en mí, sobre mí, que se yo. Pensé que sería más fácil de explicar. Quiero transmitir algo que...
- Me has dicho que te costó comprenderlo...
- Pero no que sería fácil de transmitir. En realidad siempre estuvo ahí, indicándome por donde ir, guiándome en el día a día, aconsejándome.... Yo trataba de escapar, de forma involuntaria, pero lo hacía. Me indicaba un camino del que me salía. Quizás no me fiaba, en mi subconsciente había temor, miedo a lo desconocido,..., no puede ser que la lección que creía haber aprendido con esfuerzo, la tuviera delante mía. Otra vez no. ¿Por qué? A qué se debe. Antes te dije que hice bien en no volverme. Si lo hubiera hecho no hubiera aprendido todo lo que ahora sé ni podría estar contándote esto.
- Te veo nervioso, incompleto como si no tuvieras la respuesta. Y antes te veía muy seguro.
- Te pongo en antecedentes, para que veas como era todo. Pero intentaré no distraerme. Me decía que hacer, como actuar, si ir más deprisa, si debía de parar. Era continúo, y un no parar. Lo único que tenía que hacer, era dejarme guiar. Lo único que tenía que hacer es tener serenidad, el resto me sería dado. Una vez lo aprendiera, podría dejarme volar sólo. Eso es lo que más me costaba, la serenidad, el dejarme llevar. Ese miedo a lo desconocido.... Esa percepción de lo que para uno es.
- Me está costando un poco seguirte. Quizás lo que tratas de explicarme es algo tan subjetivo, que a la vez es difícil de transmitir a otra persona. Quizás lo que tratas de explicarme para cada persona que atienda sea diferente. No te culpes.
- Es algo que es constante, en cada uno de nosotros. Sereno y amable. Veo que me costará poco que lo entiendas. Mira, a veces son flashes de luz, momentos en mi mente que me dicen donde está la verdad. Instantes, décimas de segundo que me enseñan el camino, que me enseñan algo más, me explican sin decir nada donde está la oscuridad. Esos momentos tranquilos, donde la claridad se abre paso hace que comprenda que aquellos de tormento son irreales.
- Te sigo, por favor continúa. Llevo un rato donde veo todo más claro.
- Lo sé.
- Hombre, ¿cómo puedes saber eso? Ni que tuvieras la capacidad de leer mi mente.
- Mira, no leo tu mente, ni lo necesito. Percepción. Yo lo veo más claro, sé que tu también. Te falta un poco, muy poco, pero entenderás, te reirás incluso. No olvides lo que te dije hace un rato.
-¿El qué? Qué lío, la cabeza me da vueltas. Cuando crees que lo entiendes...
- No pretendas captarlo con tus oídos.
- Es verdad...
- Ahora te digo, no mires con los ojos.
- Te estás riendo de mí.
- Que interés puedo tener. No, verás. En otros momentos, una presión en mi hombro hace que sepa que está ahí. Cuando mi mente piensa que continúo sólo, o algo me atormenta, hace que sepa que no es verdad. Al menos es la sensación que tengo. En otras ocasiones es en el trato con otras personas donde te das cuenta. Eso que te llega, que no buscas, sensaciones, instantes donde el análisis es inservible y sólo lo vivido es relevante. Para lo bueno, para lo malo, de acuerdo y que no hacen más que alimentar lo que cada uno somos, recordarnos quienes hemos sido y construyendo tu yo futuro a base de palabras, ruidos, quejidos, llantos y risas. De miradas, de actos,...
- Gracias.
- A él.
- Es curioso. ¿Puedo hacer un paréntesis? No quiero que se me pase, y sé que si continúas pasará.
- Tranquilo, dime. No sé si te lo he dicho. No hay prisa. Tenemos todo el tiempo del mundo. No te imaginas cuanto.
- Me has dicho que gracias a él. ¿Masculino?
- Que más da. Gracias a ella, gracias a ello, gracias a él,...¿es trascendente? ¿De verdad es importante para ti? ¿Lo ves como algo primordial, sin lo cual nada tendría sentido?
- No, la verdad. Simplemente es algo que me llevo planteando hace tiempo.
- En ese caso gracias a ella. Mira, te voy a poner un ejemplo que todo el mundo conoce...Te hablaré de algo trascendental para el pasado, presente y futuro del ser humano. Realmente es trascendental para la iglesia católica, pero bueno, dejémoslo ahí,..., algo fundamental en el cristianismo, algo en fin... Me refiero ni más ni menos al linaje de Jesús, a su posible descendencia.
- No puede ser, entonces es verdad. Jesús no murió en la cruz,..., tuvo descendencia.
- Bueno yo no sé si es verdad, y realmente, no me importa. A eso me refiero, es algo intrascendente, solo lo sería si analizamos y nos quedamos con el ser humano. A partir de ahí es irrelevante. Está bien para escribir novelas, crear controversia en la iglesia. Nada más. Bueno no exactamente. Sirve para tener entretenido al ser humano, para que tenga miedo, para que no piense. Siempre ha sido así.
- Quitaría poder.
- Les quitaría poder.
- Bueno yo creo que por el momento lo vamos a dejar. No sé si te lo he dicho, esto que estamos hablando lo quiero dejar plasmado para que otras personas lo puedan leer. De hecho ya lo dije y espero que alguien se quedase con la copla.
- Por mi parte no hay problema.
- Pero sabes una cosa, nos queda mucho por conversar y aprender.
- De aprender yo en todo caso.
- Y yo. Verás, pensé que sería más complicado, que sería diferente...
- ¿El que?
- Nuestra conversación, mi explicación, no sé todo,..., mi cabeza tiende a explotar. Tantos textos, sensaciones, ideas,....
- Eso suele pasar. ¿Algún problema?
- Para nada. Sólo que...
- Cuéntame, no me dejes con la intriga.
- Mañana.

Por Jesús Ignacio Carrero

Nacido en Madrid en 1974. Escribir es un placer inmenso. Aquí encontrarás poesía y frases que te puedan inspirar. Poesía donde encontrarás lugares no soñados. Aquí además encontrarás alojados mis libros, que te van a enamorar.

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